Todos los científicos admiten hoy en día que todo conocimiento científico es, en cierta medida, un conocimiento erróneo que aún no ha sido diagnosticado como tal, o, lo que es lo mismo, todo conocimiento científico es una verdad provisional, que dejara' de ser verdad en un momento posterior del desarrollo de la ciencia.
Lo que pasa es que antes de que ese momento ulterior ocurra no se puede saber dónde radica la falsedad de ese conocimiento, esto sólo aparecerá después. Por lo tanto, las nuevas tecnologías se construyen en base a conocimientos que son falsos sin que se pueda determinar dónde está la equivocación. En este sentido, las nuevas tecnologías son susceptibles de engendrar efectos perversos, consecuencias imprevistas, desarrollos incompatibles con las exigencias de la actual estructura social.
Mientras el conocimiento científico permanece exclusivamente en la esfera del conocimiento, tiene escasa importancia, la ciencia es un proceso sin fin en el que un error se corrige por otro error y así sucesivamente, aunque en una línea progresiva. Pero cuando el conocimiento científico se plasma en realizaciones tecnológicas, el error, inevitable por definición, adquiere unas proporciones que pueden ser desmesuradas. Desde un bloqueo, o una `caída` del sistema socio-técnico hasta la entrada en un régimen de funcionamiento que se sitúe `fuera de control`.
Paradójicamente, las nuevas tecnologías, cuyo desarrollo pone tan difícil la posibilidad de subvertir el sistema social actual, constituyen también una caja de sorpresas de donde puede surgir la posibilidad misma de esa subversión.